jueves, 16 de agosto de 2012


Platón

Antología de fragmentos





Teoría de las ideas.  La Justicia. La Belleza.



Hipias Mayor, 287c-d.

Sócrates. --¡Ay, qué bien hablas! Pero, puesto que tú me animas, me voy a convertir lo más posible en este hombre y voy a intentar preguntarte. Porque si tú le expusieras a él este discurso que dices sobre las ocupaciones bellas, te escucharía y, en cuanto terminaras de hablar, no te preguntaría más que sobre lo bello, pues tiene esta costumbre, y te diría: Extranjero de Elis, dime, por favor, ¿los que son justos no lo son por la justicia? Ten la bondad de responderme, Hipias.

Hipias. --Responderé que es por la justicia.

--¿Y la justicia no es algo en sí misma?

--Sin duda.

--Igualmente, ¿no son sabios los sabios por la sabiduría, y todo lo que es bueno, no lo es por el bien?

--¿Cómo podría ser de otro modo?

--¿Y son éstas cosas reales? ¿No lo negarás, sin duda?

--Sí, son reales.

--Y todas las cosas bellas, ¿no son bellas también por la belleza?

--Sí, por la belleza.

--Que es una cosa real.

--Real sin duda.



Fedón, l00a-c.

--Voy a explicarme más claramente, dijo Sócrates, pues creo que aún no me comprendes.

--No, por Zeus, dijo Cebes, no te comprendo muy bien.

--Sin embargo, dijo Sócrates, no digo nada nuevo, nada que no haya dicho en mil ocasiones. Para explicarte el método que he utilizado en la búsqueda de las causas, vuelvo primero a lo que tanto he repetido. Así pues digo que existe una belleza en sí y por sí, un bien, una grandeza, y así todo lo demás. Si me concedes la existencia de estas cosas, espero demostrarte por medio de ellas por qué el alma es inmortal.

--Te lo concedo, dijo Cebes, no podrías acabar pronto tu demostración.

--Fíjate bien en lo que va a seguir, y ve si no estás de acuerdo conmigo. Me parece que si hay alguna cosa bella, además de lo bello en sí, sólo puede ser bella porque participa en esta misma belleza; y así todas las demás cosas. ¿Me concedes esta causa? Sí, te la concedo.

--Entonces, no comprendo todas estas otras causas sabias. Si alguien me dice que lo que hace que una cosa sea bella, es la vivacidad de sus colores o la proporción de sus partes, o cualquier otra cosa semejante, dejo de lado todas estas razones que no hacen más que ofuscarme, y respondo sin ceremonia y sin arte, y tal vez demasiado simplemente, que nada la hace bella sino la presencia o la comunicación de esta belleza en sí, sea cual fuere el modo cómo esta comunicación se produzca. Pues yo no afirmo nada después de esto. Afirmo solamente que es por la belleza que son bellas todas las cosas bellas. Mientras me mantenga en este principio, no creo que pueda equivocarme, y estoy persuadido de que puedo responder con toda seguridad que las cosas bellas son bellas por la presencia de la belleza. ¿No te parece así también?

--Perfectamente.

--Del mismo modo, ¿no son grandes las cosas grandes por la grandeza, y las pequeñas no lo son por la pequeñez?

--Sí.



República, 507a_c.

--Primero es necesario, dije yo, que nos pongamos de acuerdo y os recuerdo lo que ya se ha dicho tantas veces.

--¿Y qué es?, preguntó.

--Hay muchas cosas bellas, y muchas buenas, e igualmente otras cuya existencia afirmamos y que distinguimos por el lenguaje.

--Sí, en efecto.

--Afirmamos también la existencia de lo bello en sí, del bien en sí, e igualmente, para todas las cosas que decimos múltiples afirmamos que a cada una corresponde una idea que es única y que llamamos su esencia.

--Es verdad.

--Y decimos de las cosas múltiples que son objeto de los sentidos, no del espíritu, mientras que las ideas son el objeto del espíritu, no de los sentidos.

--Perfectamente.



Alegoría del sol.                                                                                                                         



República, 508c_509b.

--Cuando los ojos se dirigen hacia objetos que no están iluminados por la luz del día, sino por los astros de la noche, hallan dificultad en distinguirlos, parecen hasta un cierto punto afectos de ceguera.

--Así es.

--En cambio, cuando contemplan objetos iluminados por el sol, los ven distintamente y manifiestan la facultad de ver de que están dotados.

--Sin duda.

--Comprende que lo mismo le pasa al alma. Cuando dirige su mirada a lo que está iluminado por la verdad y por el ser, lo comprende y lo conoce, y muestra que está dotada de inteligencia. Pero cuando vuelve su mirada hacia lo que está mezclado de obscuridad no tiene más que opiniones, y pasa sin cesar de la una a la otra; parece haber perdido la inteligencia.

--Así es.

--Así pues, ten por cierto que lo que comunica a los objetos conocidos la verdad  y al alma la facultad de conocer, es la idea del bien. Comprende que esta idea es la causa de la ciencia y de la verdad, en tanto que entran en el conocimiento. Y por bellas que sean la ciencia y la verdad, no te equivocarás si piensas que la idea del bien es distinta de ellas y las supera en belleza. En efecto igual que en el mundo visible tenemos razón al pensar que la luz y la vista tienen analogía con el sol y sería insensato decir que son el sol, también en el mundo inteligible debemos ver que la ciencia y la verdad tienen analogía con el bien. Pero nos equivocaríamos si tomásemos a la una o la otra por el bien mismo que es de un valor mucho más elevado.

--Su belleza, dijo debe estar por encima de toda expresión, porque produce la ciencia y la verdad y es aún más bello que ellas.

--Reconocerás, según creo, que el sol no sólo hace visibles las cosas visibles, sino que además les da la génesis, el crecimiento y el alimento, sin ser él la génesis.

--Sí.

--Igualmente reconocerás que los objetos cognoscibles no sólo tienen del bien lo que los hace cognoscibles, sino además su existencia y su esencia, aunque el bien mismo no sea esencia, sino algo que supera en mucho la esencia en dignidad y en poder.

--¡Gran Apolo!, gritó Glaucón burlándose. ¡Esto es algo maravilloso! Tú tienes también la culpa. repliqué, ¿por qué me obligas a decir lo que pienso sobre este asunto?

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Hipias Mayor, 287c-d, Fedón, l00a-c, República, 507a_c, República, 508c_509b. (R. Verneaux, Textos de los grandes filósofos. Edad antigua, Herder, Barcelona 1982, p. 24-26).




Alegoría de la caverna



República Vll; 514a_517c y 518b_d.



--Ahora, continué, imagínate nuestra naturaleza, por lo que se refiere a la ciencia, y a la ignorancia, mediante la siguiente escena. Imagina unos hombres en una habitación subterránea en forma de caverna con una gran abertura del lado de la luz. Se encuentran en ella desde su niñez, sujetos por cadenas que les inmovilizan las piernas y el cuello, de tal manera que no pueden ni cambiar de sitio ni volver la cabeza, y no ven más que lo que está delante de ellos. La luz les viene de un fuego encendido a una cierta distancia detrás de ellos sobre una eminencia del terreno. Entre ese fuego y los prisioneros, hay un camino elevado, a lo largo del cual debes imaginar un pequeño muro semejante a las barreras que los ilusionistas levantan entre ellos y los espectadores y por encima de las cuales muestran sus prodigios.

--Ya lo veo, dijo.

--Piensa ahora que a lo largo de este muro unos hombres llevan objetos de todas clases, figuras de hombres y de animales de madera o de piedra, v de mil formas distintas, de manera que aparecen por encima del muro. Y naturalmente entre los hombres que pasan, unos hablan y otros no dicen nada.

--Es esta una extraña escena y unos extraños prisioneros, dijo.

--Se parecen a nosotros, respondí. Y ante todo, ¿crees que en esta situación verán otra cosa de sí mismos y de los que están a su lado que unas sombras proyectadas por la luz del fuego sobre el fondo de la caverna que está frente a ellos.

--No, puesto que se ven forzados a mantener toda su vida la cabeza inmóvil.

--¿Y no ocurre lo mismo con los objetos que pasan por detrás de ellos?

--Sin duda.

--Y si estos hombres pudiesen conversar entre sí, ¿no crees que creerían nombrar a las cosas en sí nombrando las sombras que ven pasar?

--Necesariamente.

--Y si hubiese un eco que devolviese los sonidos desde el fondo de la prisión, cada vez que hablase uno de los que pasan, ¿no creerían que oyen hablar a la sombra misma que pasa ante sus ojos?

--Sí, por Zeus, exclamó.

--En resumen, ¿estos prisioneros no atribuirán realidad más que a estas sombras?

--Es inevitable.

--Supongamos ahora que se les libre de sus cadenas y se les cure de su error; mira lo que resultaría naturalmente de la nueva situación en que vamos a colocarlos. Liberamos a uno de estos prisioneros. Le obligamos a levantarse, a volver la cabeza, a andar y a mirar hacia el lado de la luz: no podrá hacer nada de esto sin sufrir, y el deslumbramiento le impedirá distinguir los objetos cuyas sombras antes veía. Te pregunto qué podrá responder si alguien le dice que hasta entonces sólo había contemplado sombras vanas, pero que ahora, más cerca de la realidad y vuelto hacia objetos más reales, ve con más perfección; y si por último, mostrándole cada objeto a medida que pasa, se le obligase a fuerza de preguntas a decir qué es, ¿no crees que se encontrará en un apuro, y que le parecerá más verdadero lo que veía antes que lo que ahora le muestran?

--Sin duda, dijo.

--Y si se le obliga a mirar la misma luz, ¿no se le dañarían los ojos? ¿No apartará su mirada de ella para dirigirla a esas sombras que mira sin esfuerzo? ¿No creerá que estas sombras son realmente más visibles que los objetos que le enseñan?

--Seguramente.

--Y si ahora lo arrancamos de su caverna a viva fuerza y lo llevamos por el sendero áspero y escarpado hasta la claridad del sol, ¿esta violencia no provocará sus quejas y su cólera? Y cuando esté ya a pleno sol, deslumbrado por su resplandor, ¿podrá ver alguno de los objetos que llamamos verdaderos?

--No podrá, al menos los primeros instantes.

--Sus ojos deberán acostumbrarse poco a poco a esta región superior. Lo que más fácilmente verá al principio serán las sombras, después las imágenes de los hombres y de los demás objetos reflejadas en las aguas, y por último los objetos mismos. De ahí dirigirá sus miradas al cielo, y soportará más fácilmente la vista del cielo durante la noche, cuando contemple la luna y las estrellas, que durante el día el sol y su resplandor.

--Así lo creo.

--Y creo que al fin podrá no sólo ver al sol reflejado en las aguas o en cualquier otra parte, sino contemplarlo a él mismo en su verdadero asiento.

--Indudablemente.

--Después de esto, poniéndose a pensar, llegará a la conclusión de que el sol produce las estaciones y los años, lo gobierna todo en el mundo visible y es en cierto modo la causa de lo que ellos veían en la caverna.

--Es evidente que llegará a esta conclusión siguiendo estos pasos.

--Y al acordarse entonces de su primera habitación y de sus conocimientos allí y de sus compañeros de cautiverio, ¿no se sentirá feliz por su cambio y no compadecerá a los otros? Ciertamente.

--Y si en su vida anterior hubiese habido honores, alabanzas, recompensas públicas establecidas entre ellos para aquel que observase mejor las sombras a su paso, que recordase mejor en qué orden acostumbran a precederse, a seguirse o a aparecer juntas y que por ello fuese el más hábil en pronosticar su aparición, ¿crees que el hombre de que hablamos sentiría nostalgia de estas distinciones, y envidiaría a los más señalados por sus honores o autoridad entre sus compañeros de cautiverio? ¿.No crees más bien que será como el héroe de Homero y preferirá mil veces no ser más «que un mozo de labranza al servicio de un pobre campesino» y sufrir todos los males posibles antes que volver a su primera ilusión y vivir como vivía?

--No dudo que estaría dispuesto a sufrirlo todo antes que vivir como anteriormente.

--Imagina ahora que este hombre vuelva a la caverna y se siente en su antiguo lugar. ¿No se le quedarían los ojos como cegados por este paso súbito a la obscuridad?

--Sí, no hay duda.

--Y si, mientras su vista aún está confusa, antes de que sus ojos se hayan acomodado de nuevo a la obscuridad, tuviese que dar su opinión sobre estas sombras y discutir sobre ellas con sus compañeros que no han abandonado el cautiverio, ¿no les daría que reír? ¿No dirán que por haber subido al exterior ha perdido la vista, y no vale la pena intentar la ascensión? Y si alguien intentase desatarlos y llevarlos allí, ¿no lo matarían, si pudiesen cogerlo y matarlo?

--Es muy probable.

--Ésta es precisamente, mi querido Glaucón, la imagen de nuestra condición. La caverna subterránea es el mundo visible. El fuego que la ilumina, es la luz del sol. Este prisionero que sube a la región superior y contempla sus maravillas, es el alma que se eleva al mundo inteligible. Esto es lo que yo pienso, ya que quieres conocerlo; sólo Dios sabe si es verdad. En todo caso, yo creo que en los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que percibimos con dificultad, pero que no podemos contemplar sin concluir que ella es la causa de todo lo bello y bueno que existe. Que en el mundo visible es ella la que produce la luz y el astro de la que procede. Que en el mundo inteligible es ella también la que produce la verdad y la inteligencia. Y por último que es necesario mantener los ojos fijos en esta idea para conducirse con sabiduría, tanto en la vida privada como en la pública.Yo también lo veo de esta manera, dijo, hasta el punto de que puedo seguirte. [. . .]

--Por tanto, si todo esto es verdadero, dije yo, hemos de llegar a la conclusión de que la ciencia no se aprende del modo que algunos pretenden. Afirman que pueden hacerla entrar en el alma en donde no está, casi lo mismo que si diesen la vista a unos ojos ciegos.

--Así dicen, en efecto, dijo Glaucón.

--Ahora bien, lo que hemos dicho supone al contrario que toda alma posee la facultad de aprender, un órgano de la ciencia; y que, como unos ojos que no pudiesen volverse hacia la luz si no girase también el cuerpo entero, el órgano de la inteligencia debe volverse con el alma entera desde la visión de lo que nace hasta la contemplación de lo que es y lo que hay más luminoso en el ser; y a esto hemos llamado el bien, ¿no es así?

--Sí.

--Todo el arte, continué, consiste pues en buscar la manera más fácil y eficaz con que el alma pueda realizar la conversión que debe hacer. No se trata de darle la facultad de ver, ya la tiene. Pero su órgano no está dirigido en la buena dirección, no mira hacia donde debiera: esto es lo que se debe corregir.

--Así parece, dijo Glaucón.

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 (R. Verneaux, Textos de los grandes filósofos. Edad antigua, Herder, Barcelona 1982, p. 26-30)





Metáfora de la línea



La República, Libro VI, 509d - 511e

[...]

--Toma, pues, una línea que esté cortada en dos segmentos desiguales y vuelve a cortar cada uno de los segmentos, el del género visible y el del inteligible, siguiendo la misma proporción. Entonces tendrás, clasificados según la mayor claridad u oscuridad de cada uno: en el mundo visible, un primer segmento, el de las imágenes. Llamo, imágenes ante todo a las sombras, y en segundo lugar, a las figuras que se forman en el agua y en todo lo que es compacto, pulido y brillante, y a otras cosas semejantes, Si es que me entiendes.

--Sí que te entiendo.

--En el segundo pon aquello de lo cual esto es imagen: los animales que nos rodean, todas las plantas y el género entero de las cosas fabricadas.

--Lo pongo-- dijo.

--¿Accederías acaso --dije yo-- a reconocer que lo visible se divide, en proporción a la verdad o a la carencia de ella, de modo que la imagen se halle, con respecto a aquello que imita, en la misma relación en que lo opinado con respecto a lo conocido?

--Desde luego que accedo-- dijo.

--Considera, pues, ahora de qué modo hay que dividir el segmento de lo inteligible.

--¿Cómo?

--De modo que el alma se vea obligada a buscar la una de las partes sirviéndose, como de imágenes, de aquellas cosas que antes eran imitadas, partiendo de hipótesis y encaminándose así, no hacia el principio, sino hacia la conclusión; y la segunda, partiendo también de una hipótesis, pero para llegar a un principio no hipotético y llevando a cabo su investigación con la sola ayuda de las ideas tomadas en sí mismas y sin valerse de las imágenes a que en la búsqueda de aquello recurría.

--No he comprendido de modo suficiente --dijo-- eso de que hablas.

--Pues lo diré otra vez contesté. Y lo entenderás mejor después del siguiente preámbulo. Creo que sabes que quienes se ocupan de geometría, aritmética y otros estudios similares, dan por supuestos los números impares y pares, las figuras, tres clases de ángulos y otras cosas emparentadas con éstas y distintas en cada caso; las adoptan como hipótesis, procediendo igual que si las conocieran, y no se creen ya en el deber de dar ninguna explicación ni a sí mismos ni a los demás con respecto a lo que consideran como evidente para todos, y de ahí es de donde parten las sucesivas y consecuentes deducciones que les llevan finalmente a aquello cuya investigación se proponían.

--Sé perfectamente todo eso --dijo--.

--¿Y no sabes también que se sirven de figuras visibles acerca de las cuales discurren, pero no pensando en ellas mismas, sino en aquello a que ellas se parecen, discurriendo, por ejemplo, acerca del cuadrado en sí y de su diagonal, pero no acerca del que ellos dibujan, e igualmente en los demás casos; y que así, las cosas modeladas y trazadas por ellos, de que son imágenes las sombras y reflejos producidos en el agua, las emplean, de modo que sean a su vez imágenes, en su deseo de ver aquellas cosas en sí que no pueden ser vistas de otra manera sino por medio del pensamiento?

--Tienes razón --dijo--.

--Y así, de esta clase de objetos decía yo que era inteligible, pero que en su investigación se ve el alma obligada a servirse de hipótesis y, como no puede remontarse por encima de éstas, no se encamina al principio, sino que usa como imágenes aquellos mismos objetos, imitados a su vez por los de abajo, que, por comparación con éstos, son también ellos estimados y honrados como cosas palpables.

--Ya comprendo --dijo--; te refieres a lo que se hace en geometría y en las ciencias afines a ella.

--Pues bien, aprende ahora que sitúo en el segundo segmento de la región inteligible aquello a que alcanza por sí misma la razón valiéndose del poder dialéctico y considerando las hipótesis no como principios, sino como verdaderas hipótesis, es decir, peldaños y trampolines que la eleven hasta lo no hipotético, hasta el principio de todo; y una vez haya llegado a éste, irá pasando de una a otra de las deducciones que de él dependen hasta que, de ese modo, descienda a la conclusión sin recurrir en absoluto a nada sensible, antes bien, usando solamente de las ideas tomadas en sí mismas, pasando de una a otra y terminando en las ideas.

--Ya me doy cuenta --dijo--, aunque no perfectamente, pues me parece muy grande la empresa a que te refieres, de que lo que intentas es dejar sentado que es más clara la visión del ser y de lo inteligible que proporciona la ciencia dialéctica que la que proporcionan las llamadas artes, a las cuales sirven de principios las hipótesis; pues aunque quienes las estudian se ven obligados a contemplar los objetos por medio del pensamiento y no de los sentidos, sin embargo, como no investigan remontándose al principio, sino partiendo de hipótesis, por eso te parece a ti que no adquieren conocimiento de esos objetos que son, empero, inteligibles cuando están en relación con un principio. Y creo también que a la operación de los geómetras y demás la llama pensamiento, pero no conocimiento, porque el pensamiento es algo que está entre la simple creencia y el conocimiento.

--Lo has entendido --dije-- con toda perfección. Ahora aplícame a los cuatro segmentos estas cuatro operaciones que realiza el alma: la inteligencia, al más elevado; el pensamiento, al segundo; al tercero dale la creencia y al último la imaginación; y ponlos en orden, considerando que cada uno de ellos participa tanto más de la claridad cuanto más participen de la verdad los objetos a que se aplica.

--Ya lo comprendo --dijo--; estoy de acuerdo y los ordeno como dices.

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(Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1969, edición de J. M. Pabón y M. Fernández Galiano, vol. II, p.218-222).









Dussel, E. El humanismo helénico, Eudeba, Bs. As., 1976, pág. IX-XII.





Hipótesis De Investigación



La filosofía contemporánea se encuentra en crisis. El pensar filosófico indaga sus propios fundamentos, estudia las etapas de su constitución. Para ello, evidentemente, es necesario referirse a los momentos pre-filosóficos, a la historia de la existencia cotidiana.

Es decir, la filosofía surge dentro de un horizonte no filosófico; dicho horizonte pre-filosófico, pre-científico, no podrá nunca ser ignorado. Estará siempre "ahí", condicionando el resto. No es un mundo pre-ontológico (vorontologische como dice Heidegger), sino pre-científico o pre-filosófico (prescientifique como dice De Waelhens). No se trata de un mundo sin estructuras, caótico, desarticulado. Es un mundo todavía no tematizado filosóficamente, pero que tiene sus estructuras antropológicas, metafísicas, morales, perfectamente ejercidas e investigables. La filosofía contemporánea, gracias al concepto de "mundo de la vida cotidiana" (el Lebenswelt de Husserl), puede cuestionar no sólo la historia de la filosofía constituida, sino las etapas históricas previas y paralelas a su constitución. Es decir, en el tiempo en que todavía los helenos no habían inventado la filosofía, ya existían en otros pueblos, y en el mismo pueblo griego, estructuras intencionales perfectamente estructuradas, sea en los ritos, en las leyendas, en fin, en lo que llamaremos, siguiendo a Paul Ricoeur, el "núcleo ético-mítico", que no es sino el complejo orgánico de posturas, concretas de un grupo ante la existencia. No es sólo una visión teórica del mundo (Weltanschauung), sino también una postura existencial concreta, un modo de comportarse (éthos).

Todo esto, evidentemente, abre a la filosofía horizontes insospechados de investigación. Toda estructura intencional, sea la más primitiva o la más evolucionada, sea europea, latinoamericana, africana o asiática, puede ser tematizada filosóficamente. No decimos, y este error de lectura es grave, que exista una "filosofía explícita" antes del momento de su constitución griega, sino que existen estructuras intencionales que permiten al filósofo desentrañar su orden, su significación, su jerarquía.

Pero es todavía más. Aun en el tiempo de la filosofía ya constituida, ésta, la filosofía, dependerá siempre de la experiencia precientífica y cotidiana del mismo filósofo, de la filosofía. La experiencia pre-filosófica juega entonces, siempre, el papel de condicionante y después de condicionado por el mismo pensamiento filosófico explícito. Así Platón estaba condicionado por el "mundo griego" pre-filosófico, pero, al mismo tiempo, su visión explícita del mundo pre-determinará, de algún modo, a todo el futuro de la cultura helenista.

Aunque lo dicho es bien conocido en la filosofía contemporánea, son todavía pocos los trabajos realizados en este sentido. El mundo pre-filosófico no es objeto de trabajos históricos sistemáticos. Y, de un modo especial, podría esto decirse de nuestro grupo cultural latinoamericano.

Lo que nos proponemos es, entonces, comenzar la fundamentación desde sus últimas raíces intencionales del "mundo latinoamericano pre-filosófico". Ese mundo del cual la reflexión del filósofo parte; ese mundo que el filósofo tematiza; ese mundo en el cual vuelca al fin su labor clarificadora.

Nuestro estudio no puede partir sino de ese "mundo", pero en tanto "hablado", en tanto expresado por el lenguaje. Es bien sabido que la exégesis (por ejemplo, con Rudolf Bultmann) o la hermenéutica (piénsese en la posición de Karl Jaspers, Paul Ricoeur, Enrico Castelli) es hoy objeto de las mayores disputas. No puede ser de otro modo, ya que contemplamos el renacimiento de la "ciencia de la interpretación", llave de todo trabajo histórico posible. ¿Cómo puede concebirse un estudio de historia de la filosofía o de historia del "mundo" pre-filosófico sin textos que nos lo presenten? ¿Cómo puede comprenderse adecuadamente un texto sin las reglas de interpretación? ¿Los filósofos no han caído muchas veces en graves errores de interpretación por una falta absoluta de hermenéutica?

Vemos, entonces, que se trata del supuesto de toda reflexión histórico-filosófica posible. Existen, al menos, tres niveles de expresión que deben discernirse claramente. Estos niveles se expresan por el lenguaje, pero por lenguajes diversos. El saber situarse adecuadamente en cada nivel es esencial para llegar a alguna conclusión.

En primer lugar, descubrimos el lenguaje de la vida cotidiana, el más rico de todos, pletórico de doble sentido, de múltiples significaciones, donde el gesto y el tono indican lo inexpresable por el verbo: los símbolos, los mitos, los comportamientos. La filosofía del lenguaje, la historia y fenomenología de la religión, la exégesis en general, el psicoanálisis nos ayudan a descubrir el "sentido" de este nivel cotidiano del lenguaje.

El segundo nivel expresa los contenidos últimos del mundo de la vida cotidiana, que llamaremos cosmovisiones (las Weltanschauungen que tanto estudió Dilthey), pero que son en verdad el horizonte ontológico de comprensión. Es un lenguaje implícito a veces expresado por la sabiduría popular o por una cierta reflexión a nivel vulgar, no por ello menos sabiduría.

El nivel tercero es estudiado por la historia de la filosofía. Se trata de la expresión justificada y filosófica de la existencia cotidiana; la Weltanschauung explícita. El lenguaje filosófico, aunque más claro y racional que el de la vida cotidiana, se encuentra a tal punto ligado a éste que es más incomprensible a la simple mirada que lo que muchas creen. El filósofo "expresa" un mundo pre-filosófico que se supone conocido y condicionante del sentido de su propia expresión. Quien desconociera el "mundo de la vida cotidiana" griega difícilmente podría comprender auténticamente el conjunto de lecciones reunido en la llamada Metafísica de Aristóteles o en su Ética a Nicómaco. El condicionamiento real de la filosofía con respecto a su mundo es correlativo al condicionamiento de la comprensión auténtica de una filosofía a partir de su mundo.

Todos estos niveles, evidentemente, se dan simultáneamente, están transidos de temporalidad, y, por ello, están inmersos en el inevitable "relativismo" histórico. Con la palabra "relativismo" queremos sólo expresar la necesaria "relación" del lenguaje a su tiempo, y la incomprensibilidad de todo lenguaje desde otro tiempo. Por ello, para comprender la verdad absoluta e intemporal de un lenguaje es necesario situarse en su tiempo, y es allí, sólo allí, en su tiempo, donde el lenguaje temporal recobra su valor de verdad absoluta, para todos los tiempos. Saber situarse, sin embargo, en la perspectiva adecuada exige cumplir las reglas de la hermenéutica. La hermenéutica, entonces, diciendo lo mismo de otro modo, es la ciencia que permite situarse correctamente en un "presente-pasado"; es la ciencia de la reconstitución de la "perspectiva presente de un pasado", para discernir desde esa perspectiva un contenido que deberá verterse diferentemente en el "presente-actual". El gran error de muchos tradicionalistas, integristas, o simplemente ignorantes de la temporalidad, es querer comprender y expresar un lenguaje pasado con un lenguaje actual, lo que significa un mortal error de interpretación y de expresión. La verdad, comprendida y expresada por los hombres del pasado, pasa totalmente inadvertida al incorrecto intérprete. El único modo de ser fiel a una verdad pasada, es descubrir y recobrar el contenido, cambiando el lenguaje pasado por el actual, lo cual significa una mayúscula tarea de inteligencia histórica y metafísica.

Repitamos. La situación histórica de todo lenguaje no es absolutamente relativa; antes bien constituye una relación absoluta en "su" mundo ante el ser, la realidad, para siempre. Lo verdadero en cualquier presente es siempre verdad si el espectador sabe situarse adecuadamente en su tiempo. Saber situarse adecuadamente en la posición histórica absoluta es justamente la tarea de la historia de la filosofía. La consideración absoluta del ser es objeto de la metafísica misma. Nuestro trabajo es sólo un prolegómeno, porque nos permite "saber situarnos", es decir, es historia de la filosofía, o aun historia de la pre-filosofía.

El trabajo que presentamos significa el comienzo de ese prolegómeno. Será necesario, después de haber expuesto las estructuras pre-filosóficas del mundo griego y semita, encarar toda la evolución de las mismas estructuras en el mundo de la cristiandad romano-europea, para desembocar después en la península ibérica.

Con ello habremos sólo dado cuenta de la posición histórica del conquistador. Nos faltará todavía estudiar el mundo amerindiano, el "choque" con el hispánico, la constitución de América Latina, la evolución de la cristiandad colonial, de las naciones neocoloniales para llegar, al fin, a tratar adecuadamente el mundo pre-filosófico actual en nuestra América, que es el objeto último de nuestras investigaciones.





Enrique D. Dussel

París, 1963.
Dios Es Argentino
dibujo de Carpani

PROGRAMA DE FILOSOFIA

INSTITUTO UNIVERSITARIO NACIONAL DE ARTE


DEPARTAMENTO DE ARTES VISUALES PRILIDIANO PUEYRREDON


CARRERA DE LICENCIATURA EN ARTES VISUALES


ASIGNATURA: FILOSOFÍA


 


DOCENTES: Titular Profesor  Luis Padin


                         Adjunto: Profesor Oscar Moreno

  Jefe de trabajos Prácticos: Profesora Elisabet Cury

                    Ayudantes de Trabajos Prácticos: Profesora: Carolina Mamilovich                

                                                                                    Profesora: Gabriela Pellegrini

                                                                                   

PROGRAMA DE ESTUDIOS 2012

a)      carácter de la asignatura: TEORICA

b)     régimen de promoción: DIRECTA (de 7 a 10 puntos) Indirecta (de 4 a 6 puntos)

c)      régimen de cursada: CUATRIMESTRAL

d)     carga horaria semanal: 2 horas semanales

e)      horarios: COMISIONES:                Sede Pinzón

Martes de 20 a 22

Miércoles de 18 a 20

Viernes de 14 a 16

Viernes de 16 a 18

Sede San Fernando

Lunes de 16 a 18



MARCO CONCEPTUAL. FUNDAMENTACIÓN

La materia Filosofía, por ser un saber de totalidades, está incluida dentro del Área de Formación Teórica de la Licenciatura, su objetivo central será entonces el de proporcionar los conocimientos necesarios para la reflexión y conceptualización acerca de los fenómenos culturales, sociales, sus bases históricas y estéticas, permitiendo la construcción de criterios de análisis, evaluación y juicio crítico respecto de la realidad en su conjunto, y dentro de ella, de la producción artística, su contexto y su validación. Coherentemente con ello la asignatura busca introducirlos en la problemática filosófica desde los orígenes  hasta la actualidad,  desde una visión crítica de la misma, diferenciando claramente entre un pensamiento europeo y un pensar situado en América. Por otra parte, y con el objeto de dar una visión integral del hombre, se analiza la problemática de lo racional y lo no racional indagando la historia de estos conceptos y la relación que se establece entre Filosofía, Arte y  Mito y entre Filosofía, Arte, Cultura y Geocultura para arribar a la posibilidad de estructurar un pensamiento filosófico latinoamericano que permita aportar a la construcción de la identidad nacional.

Por último, se tiene especialmente en cuenta que el dictado de la  asignatura debe servir de base, fundamento e introducción a la problemática Estética que forma parte  del contenido de las dos materias correlativas posteriores. 









OBJETIVOS ESTRUCTURALES

- Que los alumnos comprendan las diferentes cosmovisiones filosóficas en correspondencia con la realidad histórico-social, cultural y artística, logrando desarrollar su capacidad analítica, crítica, autónoma y creativa.

- Que los alumnos, a través de la lectura crítica y el análisis comprensivo de textos filosóficos, logren articular la relación entre pensamiento y realidad.

- Que los alumnos consigan debatir ordenadamente, en forma solidaria y fundamentada en clase, descubriendo el valor de la reflexión como un modo privilegiado de relacionarse con los otros, puedan cumplir con los horarios de clase y entregar los trabajos en las fechas indicadas

 


UNIDADES DIDACTICAS


 


Unidad 1.- La Filosofía Europea clásica y moderna


Unidad 2.- Eurocentrismo y Filosofía

Unidad 3.- Geocultura y Filosofía




OBJETIVOS ESPECIFICOS




Unidad 1


Que los alumnos conozcan las características fundamentales de la constitución de la filosofía occidental europea, la observen desde una visión analítica y crítica y, mediante el análisis de los diferentes textos de los autores analizados, puedan ir construyendo su propia visión filosófica mediante el intercambio creativo con las posiciones que surjan en la experiencia áulica.

 

Unidad 2

Que los alumnos tengan acceso a la lectura filosófica que realiza Europa de América en la edad moderna, al papel que cumple la conquista y al surgimiento del eurocentrismo y las consecuencias que el proyecto filosófico europeo produce en el pensamiento latinoamericano y argentino, como primer acercamiento a esta problemática para poder reflexionar sobre la necesidad de elaborar un pensamiento propio.



Unidad 3

Que los alumnos puedan descubrir las relaciones entre Mito, Arte y Filosofía, logren elaborar y vivenciar el cuestionamiento a un pensamiento que, se supone universal y valido para todos los hombres, y a partir de ello, puedan  estructurar la posibilidad de un pensar filosófico desde América que contribuya a fortalecer la identidad cultural latinoamericana, relacionando la producción artística con la gestación de una cultura propia.

 

CONTENIDOS TEMATICOS

Unidad 1.-  La Filosofía Europea clásica y moderna


Introducción a la problemática filosófica. La Filosofía Griega y el problema del arte en Platón. Preguntas y Épocas. Breve panorama histórico de la filosofía occidental antigua y moderna. Sujeto y Verdad. Razón e Ilustración. Relación entre Filosofía, Ciencia y Técnica. Romanticismo e Ilustración.

Unidad 2.- Eurocentrismo y Filosofía


La época Moderna en Europa y América. La conquista. Etnocentrismo y sujeto de la historia. El “mito” de la modernidad. Hegel y América. Influencias en el pensamiento filosófico y político argentino y latinoamericano. Alberdi y Sarmiento.


 


Unidad 3.- Geocultura y Filosofía


Intento de autocrítica: lo universal y lo nacional. Mito, Filosofía y Arte. Mito y Razón. Cultura, Arte y “suelo”. Geocultura. América y la Filosofía. Visiones “extrínsecas” e “intrínsecas”. El Arte en relación con la construcción de la Identidad Cultural. Arte y filosofía. Arte y Cultura. América y la cosmovisión precolombina.

 


PLAN DE CLASE


 


Las clases en que se impartirán los contenidos de la asignatura se dividirán en

a) Clases Teóricas: Tendrán una duración de 2 horas. Serán dictadas por el Profesor Titular y se impartirán en días y aula a designar, las que serán  comunicadas por cartelera y por los docentes a cargo de las comisiones. Desde el punto de vista formal, no son obligatorias pero la cátedra considera que la concurrencia a las mismas permitirá tener una comprensión integral de la asignatura ya que se desarrollará el marco general que contextualiza las problemáticas a abordar en cada una de las unidades. Por todo ello, se recomienda,  especialmente su asistencia.

El conocimiento de los contenidos impartidos en estas clases será evaluado en los exámenes escritos junto con los contenidos que se dicten en las comisiones de trabajos prácticos. La cátedra publicará en forma de Fichas los temas centrales desarrollados en  las clases teóricas para que los alumnos puedan contar con la totalidad de los mismos.

b) Comisiones de Trabajos Prácticos: Las clases a dictarse en cada comisión tendrán una duración de 2 horas. Su asistencia es obligatoria. En ellas se aclararan las dudas que surjan de las clases teóricas y, fundamentalmente, se desarrollará la bibliografía obligatoria mencionada en el apartado a) cuya previa lectura, por parte de los alumnos, será imprescindible para el normal cursado de las clases prácticas. El profesor señalará los problemas principales del texto y dará una breve orientación en la clase anterior a su desarrollo. El  profesor encargado de la comisión llevará el control de la asistencia de los alumnos y tomará las evaluaciones correspondientes en fecha que se les indicará con suficiente antelación.

 


METODOLOGIA




Las clases teóricas serán fundamentalmente expositivas por la índole de los temas a tratar y posteriormente al dictado de las mismas el profesor titular elaborará una ficha conteniendo los contenidos desarrollados en las mismas. Las mismas se impartirán en días y aula a designar las que serán comunicadas por los docentes a cargo de las comisiones. Las mismas serán dictadas por el profesor titular  y si bien, no son obligatorias, se considera que la asistencia a las mismas, permitirá tener una comprensión integral de la asignatura recomendándose, por lo tanto, especialmente su asistencia.



En las comisiones de trabajos prácticos se trabajaran los materiales consignados como de lectura obligatoria. Los profesores encargados de las mismas entregarán a los alumnos guías de lectura para facilitar la comprensión de los textos, trabajándose en grupo el análisis de la bibliografía obligatoria, procediendo posteriormente a su exposición en forma individual en cada clase. Antes de finalizar se darán los lineamientos generales de la bibliografía a trabajar en la comisión en la semana siguiente.   



EVALUACION Y REGIMEN DE PROMOCION




Para lograr la promoción de la asignatura se deberá cumplir con dos condiciones indispensables:

a) aprobar las EVALUACIONES que se llevaran a cabo en las comisiones de trabajos prácticos referida a las unidades  del presente programa. Las mismas consistirán en:

2 (dos) PARCIALES ESCRITOS Y PRESENCIALES con los contenidos de las tres unidades, cuya duración será de 120 minutos cada uno, ocupando el total del horario de la comisión de Trabajos Prácticos, siendo responsables los alumnos de su asistencia puntual. Los temas abarcaran lo visto en las clases teóricas, que en formato de Fichas resumen las mismas, elaborados por el titular de la cátedra y los textos de bibliografía obligatoria trabajados en los prácticos.

b).- Por otra parte los profesores a cargo de cada comisión podrán solicitar, con el fin de  evaluar el proceso de enseñanza-aprendizaje durante el transcurso del cuatrimestre, la realización de guías de comprensión de textos, análisis de obras desde el punto de la teoría estética implícita en las mismas, participación de los alumnos grupalmente en la exposición de temas, u otros, que ayuden a una comprensión lo más integral posible de los temas tratados.

c) cumplimentar, como mínimo, el 80 % de la asistencia a las Clases.

Las evaluaciones mencionadas  para promocionar deberán obtener una nota no inferior a 7 (siete) puntos. En el caso de no lograrlo se podrán recuperar solo 1 (uno) de cualquiera de las dos evaluaciones, la que deberá ser aprobada con un mínimo de 7(siete) puntos.

De no obtener ese resultado y haber obtenido entre 4 y 6 puntos, se deberá rendir  Examen Final, de los contenidos desarrollados en el dictado de la asignatura, pudiendo rendir en Marzo, Julio o diciembre durante el período de dos años de acuerdo al Régimen Académico General (Res. 150) siendo la nota mínima para aprobar 4 (cuatro) puntos.

En el caso de no aprobarlo, en los turnos de exámenes correspondientes, se deberá volver a cursar la materia. También podrá aprobarse rindiendo como alumno libre debiendo cumplir, en primer lugar, con un examen escrito y, aprobado este, un examen oral que abarcará los temas de la totalidad de la asignatura. El examen se rendirá en los turnos referidos anteriormente, en fechas que se publicaran en cartelera, previa inscripción como alumno libre.



BIBLIOGRAFÍA ESPECÍFICA




Unidad 1  



- Dussel, Enrique. El humanismo helénico, Eudeba, Bs. As., 1976, pág. IX-XII,

- Platón. El banquete, Discurso de Aristófanes y Sócrates, Madrid, Planeta, pág. 26 a 31 y pág. 43 a 56

- Platón. Fedro, Revista de Occidente, Bs. As. ,1948

- Platón. Textos seleccionados referidos al tema de la belleza, en La República, Hipias, Fedón y El Sofista. Extractados de diferentes ediciones.

- Schult, P., Platón y el arte de su tiempo, Bs. As. Paidós, 1985. Cap. II, pág. 63 a 73 y Cap. IV, pág. 108 a 117

“Metafísica”,  Aristóteles, Sudamericana, Bs. As., 1978. L. Alfa, I y II y L. Zeta I

- Dussel, Enrique. 1492. El encubrimiento del otro. Hacia el origen del mito e la modernidad,  Conferencias 5, pág. 70 a 76, Plural, La Paz, Bolivia, 1992.

- Descartes, Renato. Meditaciones Metafísicas, Austral, Buenos Aires, 1945. pág. 95 a 108

- Kant, I. Prólogos de 1781 y 1787 de la Critica de la Razón Pura. Victoriano Suárez, Madrid, 1960. Pág. 3 a 7 y 22 a 27.

- Kant, Inmanuel. Qué es la Ilustración,  Nova, Bs. As., 1964


- Heidegger, Martín. Serenidad, edición de la cátedra.

- Padin, Luis. Breve panorama histórico de la filosofía antigua y medieval. Ficha 1, edición de la cátedra.

- Padin, Luis “Antecedentes y desarrollo de la filosofía del arte en el pensamiento clásico” Ficha de cátedra, Estética I, pp. 4-6.

- Padin, Luis. El pensamiento de Martín Heidegger acerca de la filosofía, la ciencia y la técnica. Ficha 2, edición de la cátedra.

- Padin, Luis. La filosofía del mundo moderno. Racionalismo. Empirismo. Criticismo, Ficha 3, edición de la cátedra.

 


Unidad 2




- Zea, Leopoldo Discurso desde la marginación y la barbarie, cap. VIII, Eurocentrismo. FCE, Méjico, 1992

- Zea, Leopoldo. “Filosofía de la historia americana”, Cap. VIII, “El proyecto civilizador”, FCE, Méjico, 1978, pág. 244-268.

- Dussel, Enrique. 1492. El encubrimiento del otro. Hacia el origen del mito e la modernidad,  Conferencias 1, Plural, La Paz, Bolivia, 1992, pág. 13 a 22.

- Hegel, Jorge Guillermo Federico. Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, selección de textos referidos a Eurocentrismo, Ilustración y Revolución francesa  Revista de Occidente, Buenos Aires, 1946. Tomo I.

- Marx Carlos y Engels, Federico. Manifiesto Comunista. Parte I. diversas ediciones.

- Alberdi, Juan Bautista. Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina,  selección de textos.

- Sarmiento, Domingo Faustino. Facundo. Civilización y Barbarie y Conflictos y armonías de las razas en América, Luz del día, 1953. Selección de textos de las obras citadas   

- Canal Feijóo, Bernardo. Confines de Occidente, Buenos Aires, Las Cuarenta, 2007, pp. 81-101.


- Padin, Luis La instauración de Europa en América. Alberdi y Sarmiento. Ficha 6, edición de la cátedra.




Unidad 3



- Ricoeur, Paul. “Civilización universal y culturas nacionales” en Etica y cultura, Buenos Aires, Prometeo, 2010, pp. 41-54

- Gadamer, Hans- Georg. Mito y Razón, Cap. I y II. Paidós, Barcelona, 1997

- Rodolfo Kusch. La negación en el Pensamiento Popular, Cimarrón, Bs. As. 1975

- Kusch, Rodolfo. Aportes a una filosofía nacional, Obras Completas, tomo IV, Rosario, Fundación Ross, 2003, pp. 23-34.

- Kusch, Rodolfo. América Profunda. Exordio, Bonum, Bs. As., 1986.

- Kusch, Rodolfo. Geocultura del hombre Americano. La cultura como entidad. Ediciones García Cambeiro, Buenos Aires, 1976.

- Padin, Luis. “Cultura. Creatividad. Identidad. Suelo y filosofía en Rodolfo Kusch, Buenos Aires, Ediciones de la Universidad Nacional de Lanús, 2009








BIBLIOGRAFIA GENERAL



Unidad 1

- Aristóteles, Política, edición bilingüe, traducción de Julián Marías, Madrid, Instituto de Estudios  Políticos, 1970.

- Bacon, Sir Francis. Novum Organum, Losada, Buenos Aires, 1961

- Cassirer, Ernst. Filosofía de la Ilustración. Méjico, FCE, 1993

- De las Casas, Bartolomé. Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Madrid, Sarpe, 1985.

- Descartes, Renato. Discurso del Método, Espasa Calpe, Buenos Aires, 1945

- Gadamer, Hans El inicio de la Sabiduría, Paidós, Barcelona, 2001

- Heidegger, M. Qué es eso de filosofía, Buenos Aires, Sur, 1960

- Heidegger, Martín. Ser y Tiempo, Méjico, FCE, 1968

- Heidegger, Martín. Serenidad, Barcelona, Del Serbal, 1994.

- Horkheimer, Max y Adorno, Theodor. Dialéctica del Iluminismo, Sur, Buenos Aires, 1960.

- Hume, D. Investigación sobre el Entendimiento Humano, Norma, Bogotá, 1992

- Jaeger, Werner. Aristóteles. Bases para la historia de su desarrollo intelectual. Méjico, FCE, 1946

- Kant, Inmanuel. Crítica de la Razón Práctica, Losada, Buenos Aires, 1968

- Kant, Inmanuel. Crítica de la Razón Pura, Librería General Victoriano Suárez,

- Kant, Inmanuel. Crítica del Juicio, Losada, Buenos Aires, 1993

- Platón. Fedón, Eudeba, Buenos Aires, 1976

- Platón. Fedro, Revista de Occidente, Bs. As. ,1948

- Platón. Hipias Mayor, UNAM, Méjico, 1945

- Platón. La República, Instituto de Estudios  Políticos, Madrid, tomos I, II, III,  1969

- Sepúlveda, Juan Ginés de. Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, Méjico, Fondo de Cultura Económica, 1996

- Vattimo, Giorgio. Introducción a Heidegger, Gedisa, Barcelona, 2000

Madrid, 1960, Tomos I y II.

- Vespucio, Américo. Cartas de viaje, Madrid, Alianza, 1986.



Unidad 2



- Alberdi, Juan Bautista. Bases y puntos de partida para la organización política de la Republica Argentina, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1979.

- Alberdi, Juan Bautista. Fragmento preliminar al estudio del derecho, Buenos Aires, Hachette, 1955.

- Alberini, Coriolano. “La filosofía Alemana en la Argentina”, en Sobre la evolución del pensamiento argentino, Buenos Aires, Docencia, 1986.

- Biagini, Hugo. Filosofía Americana e Identidad. El conflictivo caso argentino, Buenos Aires, Eudeba, 1989.

- Biagini, Hugo. La generación del ochenta, Buenos Aires, Losada, 1995.

- Bonfill Batalla, Guillermo. “El concepto de indio en América: una categoría de la situación colonial” en Anales de Antropología, Méjico, 1972.

- Botana, N. R. La tradición republicana. Alberdi, Sarmiento y las ideas políticas de su tiempo, Buenos Aires, De bolsillo, 2005.

- Buck-Moors, Susan. Hegel y Haití. La dialéctica amo-esclavo:una interpretación revolucionaria, Buenos Aires, Norma, 2005.

- Bury, John. La idea de Progreso, Madrid, Alianza, 1971.

- Echeverría, Esteban. Dogma Socialista y otras páginas políticas, Buenos Aires, Estrada, 1948.

- Feinmann, Juan Pablo. Filosofía y Nación, Buenos Aires, Legasa, 1986.

- Ghirardi, Olsen. La filosofía de Alberdi, Córdoba, Argentina, Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba, 2000.

- Martí, José. Nuestra América, Buenos Aires, Losada, 1980

- Pena de Matsushita, Marta E. El romanticismo político hispanoamericano, Buenos Aires, Docencia, 1985.

- Roig, Arturo Andrés. El pensamiento Latinoamericano y su aventura, tomos I y II

- Roig, Arturo Andrés. Rostro y filosofía de América Latina, Mendoza, ediciones de la Universidad Nacional de Cuyo, 1993.

- Sarmiento, Domingo Faustino.  Obras Completas, Buenos Aires, Luz del día, 1953.

- Sartre, Jean Paúl. Colonialismo y Neocolonialismo, Losada, Buenos aires, 1964

- Sartre, Jean Paúl. La República del Silencio, Losada, Bs. As., 1964

- Zea, Leopoldo. Filosofía de la Historia Americana, FCE, Méjico, 1978



Unidad 3



- Canal Feijóo, Bernardo. Confines de Occidente. Buenos Aires, Las Cuarenta, 2007.

- Canal Feijóo, Bernardo. Ensayos, Buenos Aires, La crujía, 2010.

- Gadamer, Hans-Georg. Verdad y Método, España, Salamanca, Sígueme, 2005.

- Kusch Rodolfo. Obras Completas, Rosario,  F. Ross, Rosario, tomos  I, II. III. IV,  2000.

- Leopoldo Zea. La filosofía latinoamericana como filosofía sin más, Méjico, Siglo XXI, 1993.

- Briones, Claudia. La alteridad del “cuarto mundo”. Una reconstrucción antropológica de la diferencia, Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1998.

Korn, Alejandro. El pensamiento argentino, Buenos Aires, Nova, 1961.

- Quijano, Aníbal. “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, compilador Edgardo Lander, Buenos Aires, CLACSO, 2000.

- Roig, Arturo A. El pensamiento latinoamericano y su aventura, Buenos Aires, CEAL, 1994, tomo I y II.

- Segato, Rita. La Nación y sus Otros. Raza, etnicidad y diversidad religiosa en tiempos de Políticas de la Identidad, Buenos Aires, Prometeo, 2007.

- Todorov, Tzvetan. La conquista de América. El problema del otro, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.

- Viñas, David. Indios, ejército y frontera, Buenos Aires, Santiago Arcos, 2003.

- Zea, Leopoldo.  El pensamiento latinoamericano, Barcelona, Ariel, 1976.

- Zea, Leopoldo. En torno a una filosofía latinoamericana, Cuadernos Americanos III, Méjico, 1942



                                                                                                   







Profesor Dr. Luis Padin